18 abril 2010

Concierto de Fito y Fitipaldis en Irun


Sota, caballo y Fito

Fecha y lugar. 17/03/201. Aparcamiento exterior de Ficoba. Irun. Intérpretes. Fito Cabrales (voz, guitarras), Javier Alzola (saxo), Joserra Senperena (teclados, Hammond, acordeón), Carlos Raya (guitarras), Alejandro 'Boli' Climent (bajo) y Daniel Griffin (batería). Incidencias. El concierto de Fito, que estuvo teloneado por La Cabra Mecánica, fue el plato fuerte del arranque de Kultur Zirkuitua, la nueva iniciativa cultural puesta en marcha por Kutxa y que en mayo recalará en Tolosa y en junio en Zarautz..

cualquier
mortal que haya vivido la experiencia de asistir a un par de conciertos de Fito y Fitipaldis estará de acuerdo en que éstos suelen ser sota, caballo y rey, como reza el dicho castizo. Para bien y para mal, hay pocas sorpresas en su propuesta, de manera que si uno ha leído las crónicas de la actual gira ya sabe que las funciones comienzan con una proyección de dibujos animados que da paso al primer tema, Antes de que cuente diez, y que todas finalizan con el épico Acabo de llegar. Entre ambos títulos caben dos horas y media de rock trepidante, melodías pegadizas, carreras de un lado a otro del escenario, versos ingeniosos, abundantes solos de guitarra y saxo, y algún instante de calma chicha para recuperar el resuello.

Irun no iba a ser una excepción, por lo que, asumida la ausencia del factor sorpresa y lo encorsetado del repertorio, sólo quedaba relajarse y disfrutar, misión que Cabrales y sus muchachos cumplieron con holgura. Repasaron casi al completo su último álbum, Antes de que cuente diez (2009), del que interpretaron el tema homónimo, Me acorde de ti, Todo a cien, Catorce vidas son dos gatos, Tarde o temprano, Que me arrastre el viento, Qué necesario es el rock and roll y la instrumental La cuisine de Bernard. Con esta última iniciaron una "fiesta campestre" que incluyó piezas de temática etílica, más o menos clásicas, como Quiero beber hasta perder el control, Barra americana y Whisky barato.

Deltoya fue el vibrante homenaje a Extremoduro y el recuerdo a Platero y Tú llegó cuando Fito entonó Al cantar solo sobre las tablas. De los discos Lo más lejos a tu lado (2003) y Por la boca vive el pez (2006) la banda repescó, entre otras, Me equivocaría otra vez, Viene y va, Corazón oxidado, La casa por el tejado y, por supuesto, Soldadito marinero, su balada por antonomasia. Fueron, quizá, las piezas más coreadas por una heterogénea y entregada audiencia de melómanos asiduos a las actuaciones en vivo, adolescentes con las hormonas revueltas, infantes acompañados por sus padres y un sinfín de personas que, probablemente, presenciaban su primer y último concierto del año. Un poder de convocatoria que sólo se explica por el magnetismo de la fitomania, un fenómeno con escasos o nulos equivalentes en el Estado.

Puede que su oferta no sea todo lo cool que quisieran algunos y es innegable que el esquema de sus canciones es muy similar, pero por mucho que se le vea el truco, no se puede despachar así como así a alguien que atrae a miles de personas que quieren escuchar que "el whisky de doce años aparenta alguno menos" y que aplauden versos sobre "los huesos de los besos enterrados". Algo tendrá el agua cuando la bendicen de modo tan multitudinario. También parece un buen tipo, colega de sus colegas. No sólo se ha llevado como telonero a La Cabra Mecánica, que ofrece un prólogo estupendo, sino que los abrazos que da a cada uno de sus Fitipaldis cuando los presenta parecen sinceros. En Ficoba, además, se acordó del donostiarra Rafa Berrio, a quien deseó suerte con su próximo disco. "Seguro que es precioso", dijo antes de finiquitar un nuevo acto de masas que confirmó su invicta condición de rey de la baraja del rock patrio.







FITO CABRALES
"Sé que estamos tocados por la varita; actuamos en estadios como si fuésemos los Stones"

La pregunta del millón. ¿A qué atribuye su éxito? En la música española sólo usted parece capaz de llenar grandes auditorios...

Espero que sea porque las cosas están bien hechas, tanto las canciones como el concepto de la gira. También hay un factor que se te escapa, porque gracias a Dios, no existe una fórmula que permita conseguir el éxito. Quiero pensar que tenemos un buen equipo y que ofrecemos un gran show. Tiene que ser por eso, porque desde luego, por mi cara bonita no es. No me quieren por mi cuerpo... Eso es una gran ventaja. (Risas)

Colapsa pabellones y además los llena de público de lo más dispar. Como en aquel anuncio del refresco de cola, su música es para los flacos, los altos, los bajos... Para los de derechas, de centro, de izquierdas... ¿Por qué?

Creo que si hay tanta gente en los conciertos es porque la música toca muchos estilos. Si haces sólo death metal o tangos está claro que irá a verte sólo cierto tipo de público. Pero en nuestro caso, vienen familias enteras. Para nosotros, por ejemplo, es una gran recompensa ver que en la primera fila hay niños de ocho años subidos en los hombros de sus padres. No es algo muy habitual en el rock and roll.

¿Y qué cree que pueden tener en común todos esos espectadores?

Quizá lo único que puede unirles a todos es su gusto por nuestras canciones. Van a ver el concierto y cuando termina, unos se van al blues-bar y otros a una terraza a tomar algo. Ver a todo ese montón de gente que se junta sólo por escucharnos a nosotros es acojonante. Nos hace sentir verdaderos privilegiados. Tocamos en estadios como si fuésemos los Stones; me hace feliz saber que estamos tocados por la varita.

Al éxito se acostumbra uno fácil, pero ¿y si llegaran las vacas flacas?

Siempre he dicho que hay que estar preparado para todo. Antes me preguntaban qué pasaría si vendiera un millón de discos, y ahora la pregunta sería la inversa. ¿Qué ocurriría si vendiera sólo cien? Pues me imagino que debería amoldar las giras y todo a otro formato más cercano a cuando empecé en esto de la música.

Las cosas buenas de un éxito como el suyo se pueden imaginar fácilmente, ¿y las malas?

Yo nunca me he encontrado mejor o peor por el éxito o fracaso musical. Sinceramente, pesan más los factores personales que los artísticos. Yo estaba muy a gusto cuando tocaba en salas pequeñas en los principios de Platero y Fitipaldis. Igual de feliz que luego cuando he actuado en grandes pabellones. Ahora me va muy bien y sé que el circuito del rock en España no es lo que hago yo. La gente lo tiene mucho más difícil, y por eso procuro disfrutar siempre de mi trabajo y de este momento.

Y siendo uno de los más vendidos, ¿le quitan el sueño las ventas?

No, de verdad que no. Es algo que nunca me ha preocupado demasiado, porque siempre he pensado más en el disco. Eso es lo que más presión me ha creado siempre hasta el punto de olvidar todo lo demás.

¿Por qué suscita desconfianza el éxito comercial? Si alguien vende mucho, parece que se le niega la posibilidad de ser un músico de calidad.

Existe la sensación de que si algo vende mucho es porque se ha buscado premeditadamente, pero no creo que sea el caso de la mayoría. A muchos simplemente les ha tocado..

Ése ha sido su caso...

Claro. Yo desde luego no he hecho nada por vender más discos: sigo sin politonos, no he dado ningún giro para vender más... Lo que ocurre es que es más normal que a una banda que lleva 20 años alguna vez le toque vender más discos, ¿no?

"Antes de que cuente diez" (2009) es un álbum claramente continuista. ¿Está de acuerdo en ello?

Sí, sí. Realmente, ninguno de mis discos ha supuesto una gran ruptura con el camino anterior. Es verdad que como músicos buscamos que los discos no sean iguales, pero son cambios tan sutiles, a nivel de producción o instrumentos, que el público no los nota, y además debe ser así.

¿Y el cuerpo no le pide un cambio en algún tipo de sentido?

Es que yo tengo la gran suerte de que Fitipaldis es una banda muy abierta. En un disco mío puedo tocar un dobro, hacer una canción con hammond o una muy rockera. Desde A puerta cerrada he luchado para que todo aquello que se me ocurriera cupiera en el mismo disco y creo que tengo más libertad que otra gente que quizá está más encasillada.

Pero su estilo es muy definido. ¿No le tienta probar otras vías menos trilladas para usted?

Hombre, hay muchas cosas que me quedan por hacer en la música. Suelo comentar que me gustaría hacer un disco instrumental o de versiones. Pero siempre he creído que cuando haces las cosas pensándolas demasiado no salen bien. Por ejemplo, yo no sé cómo será el siguiente disco. Reuniré unas canciones, las montaré y me llevarán a un sitio determinado. Pero nunca he pensado: "Quiero hacer un disco más duro o grabar con una orquesta". Son las canciones las que te van sugiriendo el camino a seguir. Puede ser divertido planearlo más, pero creo que en mi caso habría algo que no saldría bien. Una de las virtudes que tenemos los Fitipaldis es que nuestro público quiere escuchar nuestras canciones: no creo que les preocupara mucho si en el siguiente disco saliera yo solo cantando y tocando la guitarra.

¿Qué quiere decir cuando reivindica la sinceridad de sus canciones? ¿Prefiere hablar de usted que inventar historias de ficción?

No lo reivindico como algo que haya que hacer, sólo digo que encuentro más recompensa a la hora de escribir cuando hablo de mí. Siempre te inventas cosas, pero no hago una novela, que también me parece estupendo. Cuando escucho autores que se inventan una historia y ponen personajes me parece increíble. Pero a mí me gusta más mirar hacia mi interior cuando escribo una canción, porque la recompensa que recibo es mucho mayor. Yo siempre lo comparo con escribir un diario. En el fondo es eso.

Suele usted insistir mucho en que no es poeta, a pesar del innegable poso poético de sus letras.

Digo que no soy poeta porque para mí la letra va siempre unida a la música. Yo necesito cantar mis textos porque son letras de canciones que obedecen a una melodía, y no poesías. Escribir poesía es más libre y, sobre todo, es una cuestión de sentimiento. Conozco a gente que escribe poesía y que habla de todo desde una mirada poética. Yo no tengo ese don, simplemente hago letras de canciones, y sé que son letras de canciones porque están escritas para ser cantadas. Con ello no digo que la poesía esté en un nivel superior a las letras de canciones, porque encajar un texto en una melodía también tiene su dificultad.

Precisamente, suele decir que le cuesta bastante escribir.

Sí, quizá porque escribo poco. El momento de enfrentarse a la libreta es duro y a mí, que no tengo un método ni constancia, me cuesta más. Si no voy a hacer una canción, no voy anotando cosas por ahí, como los poetas. Quizá por eso me cuesta. En cambio, la guitarra la toco más, por eso me salen más músicas que letras.

¿Ha tenido alguna vez un bloqueo creativo serio?

Muchas veces, prácticamente en todos los discos. Lo he comentado con otras personas que conozco y es casi un mal colectivo. Siempre tienes momentos en que las cosas fluyen y te salen demasiado fáciles, pero en otras te quedas absolutamente seco. Me viene pasando desde hace 20 años. Más de una vez ha saltado la alarma y me he dicho: "Hostias, que a lo mejor no hago una canción más en mi vida". Esa sensación se repite cada vez que me pongo a hacer canciones.

Pero sabe que la musa volverá a aparecer en algún momento.

No creas que es tan fácil. Sabes que vuelve siempre, pero nunca sabes si eso dejará de ocurrir alguna vez.

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